El reposo del guerrero

Los templados músculos de hierro, dormitan, flácidos, expuestos, sometidos al arrullo del descanso. Los oídos, atentos; el instinto, intacto.

Nació en la misma jaula de los hombres; bebió del mismo río entubado; comió sin que sus garras estuvieran prontas a la lucha o su boca gustara el sabor caliente de la vida escapando a borbotones por la yugular.

Quizás sueña con su reino, con el harén que le negaron, con su reposo de guerrero atento a los ruidos cotidianos de la selva que no conoce y no a los bocinazos de los automóviles y a los gritos de asombro de los humanos, que atrofiaron su capacidad de distinguir los sonidos habituales.

Se ve cansado. Un tronco viejo, como su propia existencia, le sirve de momentáneo cobijo; un muro artificial limita su territorio, a pesar de su disgusto; un rugido débil arranca aplausos. Quizás sueñe con la pradera que no conoce. Solo sabe que le queda una última oportunidad: la de morir en libertad… y quizás sueñe con ella.

                                                        Marcelo Toralli.

Ph by Soriel Producciones

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