Tarde-noche de un domingo nublado, silencioso, típico de un invierno húmedo y somnoliento.
Las voces del entorno murmuran su despedida y se apagan, como las luces de las casas, que escasamente iluminan el interior con gusto a reunión familiar.
A lo lejos, el ladrido de un perro, indica que la vida, a pesar de todo, sigue ahí, en medio del silencio nocturno, latente, taciturna, agitando su mano en señal de despedida…
Tarde-noche de un domingo nublado, silencioso, típico de un invierno húmedo y somnoliento.
Me cobijo con las voces amables que acompañaron los instantes de este día; me acurruco al lado de ese cuerpo que ya es parte de mi cuerpo; busco el calor que me pertenece y que me acuna cada noche, desde hace infinitas noches, donde descansan mis pasos el trajín de la vida…
Tarde-noche de un domingo nublado, silencioso, típico de un invierno húmedo y somnoliento.
Los ojos, cansados, se amparan en el sueño; las manos, urgentes, se buscan en silencio; los cuerpos se encuentran…, como en cada encuentro.-





