Sobre mí
¿Cómo decirlo…? No es muy común que hable acerca de mí. Creo que no hay mucho que decir o poco importante que destacar. Simplemente, soy un hombre común, con sueños y proyectos como cualquiera y con la impronta de ser feliz.
Tengo cierta pasión por la escritura –a la que aún trato de discernir si es “debilidad” o “fortaleza”–. Es una grata compañía, amiga incondicional desde mi temprana preadolescencia y me ha ayudado, desde entonces, a amar la vida y a continuar disfrutando de ella, muy a pesar de los momentos grises, en los cuales he aprendido a descubrir las bellezas que también palpitan en esos días, cuando todo nos parece amargo, absurdo y definitivo.
Como tantos de nosotros, me inicié con la lectura de los clásicos infantiles, esas aventuras que nos hacían soñar y hasta nos convertían en héroes de folletín de cabalgatas heroicas. Mis primeros pasos en la escritura, los di de la mano de la poesía –¡quién no, en sus inicios…!–.
Luego, las experiencias de la vida me estimularon a plasmar sobre el papel el acontecer diario. Hasta que un día –que no recuerdo con exactitud cómo y cuándo fue–, una idea que rondaba en mi cabeza desde hacía un tiempo fue el puntapié inicial en el desarrollo de una historia a la que, pretenciosamente, rotulé como “novela”.
¿Y qué más puedo decirte…? Que escribo todos los días, no solo como una eficaz y buena terapia, sino como una vital y recurrente necesidad en mi vida. Ignacio Anzoátegui, hijo –poeta, escritor y folklorista argentino– me dijo en una oportunidad que “el escritor debe ejercitarse diariamente y con constancia en el difícil arte de la expresión. Es como ejercitar un músculo hasta lograr el rendimiento buscado”. Y así trato de hacerlo.
Yo no sé si lo hago mal o bien; pienso que lo que cada uno manifiesta y la forma de hacerlo, puede gustar o no; puede llegar como un torrente y estimular al conflicto o tan solo pasar inadvertido, como una abeja en medio de un aluvión de coloridas mariposas en primavera –lo que no significa que la abeja no haya pasado por allí sin aportar lo suyo que, por otra parte, ecológicamente hablando, por cierto, es muy meritorio-.
Solo sé que las críticas de aquellos mortales dispuestos que han leído algo de lo mío –por gentileza o por convicción–, me han sido amables; al menos hasta el momento y sin frecuentarnos en una amistad profunda. No quiero dar la impresión de ser un pedante y, aunque me reconforta el halago –y sobre todo, me ruboriza–, de ninguna manera alimenta mi ego y menos a esta altura de mi vida.
No persigo el deseo de ser un ‘exitoso’. Yo diría que el éxito ya lo logré: formé una familia, planté un árbol, tuve un hijo y escribí un libro. ¡Y sigo escribiendo, aún más…! Tengo varios libros, no editados, que esperan su realización con una paciencia infinita. Así, resumidamente, abrí mi corazón. Te conté algo de mí.
Ahora te invito a seguir explorando más de mis escritos en mi blog. En él encontrarás una amplia variedad de temas, desde poesía hasta reflexiones sobre la vida cotidiana. Estoy seguro de que encontrarás algo que te inspire, te conmueva y te haga reflexionar. ¡Te espero con los brazos abiertos en mi rincón virtual!