“Tiempo”. Definición: Duración de las cosas sujetas a mudanza. Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro…
¿Nuestro mejor aliado…? ¿O, quizás, ese villano inesperado que nos sorprende a su paso, blandiendo la espada de la realidad, asestando sus golpes con maestría, con estocadas precisas que no logramos esquivar?
Cada uno de nosotros tiene la respuesta. Y, de acuerdo donde estemos ubicados “en la corriente del tiempo”, puede sorprendernos tras su paso cansino, muchas veces imprudentemente, encontrándonos desprevenidos y sonriéndonos de soslayo al pasar.
La sorpresa. ¡Una de sus estocadas más precisas!
Nos embiste con tanto atrevimiento en algún momento de nuestras vidas que, generalmente, nos impresiona sobre manera cuando advertimos que ha pasado por nuestro camino en loca carrera, y nos espera en ese punto de la vida donde reparamos, al fin, en lo frágil de nuestra condición.
Si; fuimos indiferentes con él. Somos indolentes con él. Tardíamente descubrimos que esa manera tan personal de manifestarse en cada uno, nos sorprende abstraídos en la rutina cotidiana. Y cuando caemos en la cuenta del peso de su presencia, concluimos aquello de ¡Cuánto tiempo paso! ¡Cuantos años vividos…!
Fue a lo largo de su presencia que cada uno, a su manera, fue compartiendo con él los sueños, la dicha, la esperanza, el dolor, el amor…
Todo el tiempo invertido tras un sueño, la dicha compartida con nuestros seres queridos, la esperanza por los logros inalcanzables, el dolor que la vida muchas veces nos propina sin miramientos, y el amor que latió una vez y por siempre, sacudiendo el corazón, fueron marcando nuestra ruta en el camino del tiempo. ¿Y dónde estarán ahora…? nos preguntamos con cierto dejo de nostalgia. ¡Todo ha pasado tan rápido…!
Aquel tiempo, el de nuestra primera juventud, cuando nos esforzábamos por querer ser mayores, disimulando la pasión y el placer que aun nos daba jugar a las figuritas con los amigos, en el caso de los varones; o la las muñecas, en el caso de las niñas….
Luego, el tiempo de la pubertad, descubriendo quien de los que ahora sumamos años había sido el primero en afeitarse, luciendo con orgullo ese imperceptible corte en el rostro como logro de la hazaña en pos de la hombría precoz….
Y el tiempo marcado por el “primer amor”, del cual algunos conservamos un buen recuerdo y, otros, llevamos toda una vida compartiendo el placer del mutuo descubrimiento temprano…
¿Qué si me paso el tiempo…? ¡A todos nos pasa…!
El me ha enseñado a arrepentirme, reclamándome con dureza por haber desaprovechado el momento, al hacer tantas cosas que nunca debí realizar. También me ha dado la oportunidad de enmendar errores y llevar acabo aquellas otras que si debía de hacer. Ahora, en mi tiempo presente, trato de lograr cumplir con ciertos compromisos, relegados en
el tiempo con sabor a pasado. Y no es ansiedad; es porque noto que el tiempo me está pasando mucho más rápido.
“No tengo tiempo” es una falacia, un embuste atroz que usamos como argumento de nuestra propia debilidad.
“El tiempo es oro”, es otra frase que, bien entendida, debería activar el deseo de invertir lo mucho o poco que nos queda en las cosas más importantes.
¿Sabes qué? Prefiero la declaración bíblica de que “para todas las cosas hay un tiempo…”, y pensar muy bien en cómo invertirlo de aquí en más.
Por eso, ríe, sueña, trabaja, ama, disfruta, rodéate de tus seres queridos.
Aun hay tiempo. Amigate con él.
Visita la sección “Poemas”. Allí te dejo unas palabras que llevan aletargadas mucho tiempo a la espera de compartirlas. Creo que llego ese momento.





