Nunca lo bueno fue, es o será demasiado…
Pensemos….
¿Nos incomodan las innumerables ocasiones en que nuestro conyugue nos susurra al oído el siempre nuevo y alegre “te quiero”, vigente dese tiempos inmemoriales, que no reclama derechos de autor; que es canto universal y sostenido…?
¿Nos apenamos cuando, cada día, el sol nos regala su espectacular manifestación, su magistral demostración de poder; su explosiva belleza alimentando el profundo deseo de vivir…?
¿Nos duele el constante y placentero abrazo del amigo; su mano apoyada en nuestro hombro acompañando nuestro paso; su amplia y generosa sonrisa; su cálido apoyo y sus lágrimas de silencio cuando nos agobian las angustias…?
¿Nos pesa la incomparable y sutil expresión artística de una naturaleza conmovedoramente bella, cuyas pinceladas exquisitas de color y vida nos quita el habla y nos llena de asombro…?
Todo esto es muy bueno. Y no por ello, es demasiado.
Así es. La vida es buena.
¿Nos cuesta ser agradecidos, peldaño necesario que nos eleva en humildad y nos permite transitar la vida con el justo y merecido reconocimiento hacia aquellos que siempre están haciendo algo por nosotros?
Pensemos, por un instante, en lo que ello significa.
¡Qué bueno es esto de saber que en todo momento tenemos a ese ser maravilloso a nuestro lado, que nos musita al oído un novedoso “te quiero”, como asegurándonos su renovada alegría de la grata dependencia!
¡Qué bueno es saber que existe un sol de oportunidades cada día, tan bello como el anterior, pero novedoso hasta la sorpresa!
¡Qué bueno es contar con ese hermano de distinto apellido, el incondicional amigo de la vida y contar con él, más allá de la distancia y poder reír o llorar, juntos!
¡Qué bueno es saber que Dios, tal como un artista magnifico, nos habla desde cada flor; desde cada paisaje y nos invita a disfrutarlo!
¡Qué bueno es tener la valentía de dar las gracias por algo o por todo…!
Reflexión
“Reconozco que por no haber traído nada al mundo al nacer, todo lo que soy y lo mucho o poco que tengo se lo debo a alguien.
Y es mérito propio reconocerlo”
Marcelo Toralli





