Hace unos años comencé a evaluar la posibilidad de un nuevo proyecto en mi vida: organizar un blog donde compartir mi pasión por la escritura –esa rara mezcla de fortaleza y debilidad que me asiste desde muy joven–, fundamentado en el deseo de liberar mis escritos de esa especie de reclusión impuesta por la timidez, donde aguardaban, en espera silenciosa y paciente, la decisión que tardó en llegar.
Con primarios recursos especulativos en el tema, inicie un proceso de investigación sobre el particular experimentando, en el transcurso del intento, todo lo que eso implica –nervios, miedo y la incertidumbre que genera mi desconocimiento por lo sorprendentemente tecnológico–.
Cuando llegué al punto de no poder seguir avanzando por un camino que, cada vez, se me hacía más estrecho, solicité y recibí la ayuda más que estimable de siempre. Mi hijo, ese ser infinitamente paciente con mis torpezas, al que someto a las preguntas más inverosímiles con tenor de principiante, redobló sus esfuerzos al explicarme y tratar de hacerme entender el ABC sobre el tema. Y esa sufriente constancia puesta al servicio de mis cavilaciones, logró que, en la escala de uno a diez, pudiera ubicarme en un “dos” incipiente y acotado. No era para sentirme muy orgulloso. ¡Pero era un comienzo, al fin de cuentas…!
Una tarde, cuando mis intentos no pasaban de simples ideas desparramadas en un borrador y ya al borde de la resignación, la sorpresa. Mi nuera, con su pericia en la materia, y mi hijo con la sensibilidad de siempre, me regalaban “al niño, pulcramente aseado y vestido”:
Así fue como surgió esto que ves, que no es demasiado pretencioso y que iré corrigiendo –al menos en las ideas– a medida que incursione con más frecuencia en el mundo de las redes al que me resisto descubrir, pero que me parece fascinante.
Los escritos que de ahora en más aparezcan en esta página, abrigan la modesta pretensión de compartir mis emociones. Están, desde hace años, aletargados, sumidos en un sueño involuntario, reclamando el espacio que, hasta ahora, les he negado.
De esta manera, frontal y sencilla, inicio una nueva aventura. Te invito a acompañarme.
Hasta el próximo encuentro.





