La inmensidad del océano busca desesperadamente la línea del horizonte donde descansar su andar peregrino de gran coloso. Su fuerza intempestiva, reaccionaria, parece revelarse de tanto en tanto a los espacios que la naturaleza le reserva y, en su afán de lucha y conquista, arremete con fuerza contra los pilares pedregosos que vigilan su avance y regulan su paso.
La roca se adorna de un penacho blanco y espumoso que el mar le otorga como vencido a sus intentos de soberanía. Una lucha que se torna en romance; la caricia salina sobre el cuerpo pedregoso…
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Marcelo Toralli.
Ph: Soriel Producciones.





