Querida Lisa:
He intentado, en varias oportunidades, escribirte algo que resuma la gratitud que siento al estar compartiendo desde hace un tiempo, todos los hermosos momentos que atesoro en mi corazón a partir de tu llegada a mi vida.
Y digo “intentando”, porque no es natural en mí la inclinación hacia la escritura. Pero me es muy necesario hacerlo, estimulada por tu pequeña e importante presencia y por el grato sentimiento que has logrado despertar en mí.
Dentro de unos años, cuando llegues a comprender el porqué de estas palabras, descubrirás el motivo real y verdadero detrás de ellas. Pero me es muy necesario anticiparte algo:
“Durante todos los años que vengo transitando el hermoso camino de la vida, he ido incrementando una fortuna que me ha permitido sobrellevar momentos difíciles.
Tengo depositado en mi cuenta de afectos, el valor de un emprendimiento que allá, antes de ver la luz del día y anunciara a través del llanto mi llegada, dos emprendedores, uniendo sus fuerzas, formaran una empresa con fundamento sólido. Sí, Adela y Dante, tus bisabuelos, colocaron la piedra fundamental de un férreo edificio. Y con sus manos unidas, hicieron frente a los vientos despiadados que desataban las tormentas del día a día.
Pero el reloj del tiempo no se detiene. En su marcha constante, indicaba que el producto de tanto trabajo, ahora quedaba en manos de quien decidiera tomar la responsabilidad y la decisión de prolongar y hacer producir los bienes heredados. Y me tocó a mí tomar la posta en la carrera.
Muchas veces, a pesar de la voluntad impuesta, fracasé en el intento. Pero las lágrimas de dolor y los dejos de amargura que producen las caídas, no lograron sumirme en la bancarrota. Luché; y luché mucho, atesorando el coraje de mis padres; defendiendo la inversión y poniendo a buen resguardo el haber logrado. Fue así que decidí invertir tanta riqueza.
Y llegaron ellos, mis herederos naturales, Agustín y Enzo.
Los llevé en mi vientre; los vi dar sus primeros pasos y atendí sus llantos, acariciando sus moretones con la suavidad que solo una Madre puede aplicar sobre la piel de cada hijo. Decidí compartir parte de mi fortuna con ellos hasta el día de hoy. Lamentablemente, por esas cuestiones incomprensibles que nos presenta la vida, mi Agustín ya no está. Pero su parte en esta empresa, sigue muy bien invertida. Y está dando sus frutos.
Un día, caí en la cuenta de que era mucho lo que tenía. Soy tan afortunada que decidí extender parte de mi patrimonio a otras personas, enseñándoles la importancia de compartir. Por tal motivo, incorporé al directorio de mi firma a Milena, tu Mamá. Y ella aportó lo suyo. Y llegaste Tú.
Lisa, mi maravillosa nietita, quiero dejar a tu cuidado toda la fortuna que heredé, que mantengo y que ahora te pertenece: EL AMOR.
Eres el maravilloso milagro del amor que siento y me emociona, la que inspira esto y la fuerza que necesito para continuar apoyando este hermoso emprendimiento: La Familia.
Cada vez que te veo, tu figura, plasmada en mi retina, sigue emocionándome profundamente. Te aseguro que el corazón libera a borbotones esa sensación de bienestar que sienten los que aman y ya no pueden ocultarlo.
Por eso, dejo a tu cuidado todo el AMOR que tengo, para que lo inviertas en otros y compartas sus alegrías.
En pleno conocimiento de mis facultades, con el corazón emocionado, te nombro heredera universal de mis bienes.
De puño y letra:
María, tu Abu.
Marcelo Toralli.





